Arte y amor

IMG_20141207_084116-Una de las maneras más bellas que tengo de hacerte el amor es dibujarte. No a ti, sino a ella ¿te parece eso interesante?                                                                                                                            

-No es una de las maneras, es la única manera que tienes, en tus actuales circunstancias, de hacerle el amor.

El libro blanco-Alberto Espinal (o sea, yo mismo)

Tengo que confesar que creo en el amor, aunque el amor no crea mucho en mí. Como ese algo que soy yo y que dice ser artista y que pinta, el arte me parece algo profundamente espiritual y simbólico, de algún modo hay amor en lo que hago. El amor es pasión y dedicación y uno no llega a ser artista si no le dedica mucho tiempo y esfuerzo. Como con el amor, todo el tiempo empleado no es un esfuerzo duro e incómodo, sino pasional y estimulante, un placer casi obsceno. Si el arte se hace sin ganas o forzado, no es arte. El arte es algo que haces porque necesitas hacerlo, algo que haces por tu propio interés placentero, pero también es un gesto desinteresado hacia la propia obra. En la obra el artista vuelca todo su ser, es por tanto una ventana íntima al interior del creador, una ventana a veces incómoda. A veces miramos la obra de arte casi como un voiyer que penetra agresivamente en lo más profundo del espíritu del artista. A eso nos arriesgamos como tales, el arte necesita de un espectador y casi nunca el propio artista es suficiente, hace falta otra persona, quizás nos sintamos temerosos ante lo que puedan ver de nosotros, pero es un mal necesario.

Es complicado explicar por qué el hacer una obra de arte es para mí como un gesto de amor, ya que eso no es algo que se explique, se vive. Pocas cosas hay en el mundo que resulten más adictivas que hacer arte, dejar la obra incompleta es un mal casi inmoral para el artista, trabaja durante horas, días o el tiempo que sea necesario hasta que la obra está finalmente terminada es el tiempo mejor aprovechado posible. En pocas cosas el esfuerzo se hace con tanto desinterés y entusiasmo como al hacer arte, quizás solo amar le es comparable y por eso son en mi opinión dos caras de un mismo gesto, amar. El amor es amar a una persona, el arte es amar a la humanidad, a alguien desconocido, a uno mismo, se vuelca tanto en una obra que se convierte en un gesto potente y violentamente emocional.

Como introducción a este texto he citado un diálogo que escribí en El libro blanco, es momento ahora de volver a él. Porque si hay un gesto de amor supremo para el artista ese es sin duda el retrato. Retratar significa conocer a la persona retratada de una manera íntima, profunda. Nunca se puede hacer un buen retrato sin al menos conocer a la persona, sus motivaciones, su forma de ser, el mejor retrato no es el más fiel, sino el que sea capaz de captar la propia psicología del retratado. Los ojos del artista son siempre observadores y con esa mirada, que es capaz de perderse en cada mínimo detalle del cuerpo retratado, el artista llega a una visión mística y profunda de la persona que es objetivo de su mirada, en cierto modo la ama, la siente de un modo tan profundo que incluso escapa a la visión de algunos amante. El arte es lo más íntimamente humano y amar a través del arte es, por tanto, un modo de amar diferente, pero más humano.

Las palabras de este artista no son capaces seguramente de explicar con certeza lo su espíritu siente cuando pinta y lo que sus manos son capaces de reflejar en un cuadro, las palabras son capaces en el fondo de explicarlo todo, pero ciertas cosas, por lo general las de conocimiento más profundo y complejo, son explicadas por palabras de un modo poco más que vulgar y vago. Tenía ganas de contar esta vaguedad de palabras y hasta aquí han llegado mis exclamaciones, sólo queda decir ¡sientan y hagan el amor de hacer el arte!